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| Como discutir con un hombre. | ||
| Los hombres siempre
se han jactado de ser racionales. Sin embargo, a la hora de discutir, se vuelven absolutos e intolerantes. Las mujeres, en cambio, somos expertas para la discusión, aunque muchas veces, ni siquiera logremos hacernos entender. |
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Saber
discutir es una habilidad que muy pocos tienen altamente desarrollada,
y por lo general, los intercambios de ideas quedan truncas entre
insultos y reproches. Cada pareja tiene su forma singular y única
de discutir, pero, a pesar de eso, hombres y mujeres compartimos
artimañanas únicas para cada sexo. Conocer cómo
discuten ellos, es el paso número uno en el aprendizaje
del arte de discutir. Los hombres detestan discutir. Odian darle vueltas a las cosas, reflexionarlas demasiado, para llegar a conclusiones rebuscadas, esas que a nosotras nos encantan. O sea que naturalmente, querrán acabar la discusión antes de que se dispare el conflicto. Para lograrlo, pueden acudir a distintas destrezas. Una de ellas, la más facilista, es pedir perdón al principio, por todo, aunque sin saber realmente por qué. Este acto purgativo es ante todo un acto de clemencia. Otros más temperamentales, ensayan reacciones violentas para abandonar la disputa en forma solapada. Se enojan tanto, que la mujer opta por callar y buscar otro momento para el diálogo. También están los que se vuelven mimosos en medio de una acalorada disputa, y pretenden domesticar a la fiera con frases como: sos más linda enojada..., o una cínica fusión de las estrategias anteriores: estás equivocada ...pero te quiero tanto!!! , y numerosos otros artilugios con la sola finalidad de distraer el foco de la atención y terminar anticipadamente con la discusión en ciernes. Utilizar la seducción con una mujer enojada es un arma de doble filo. Es un juego que a ellas no les gusta y las consecuencias son todavía más dramáticas. Otra de las estrategias usadas por el sector masculino consiste en manipular los argumentos para ponerlos a su favor. La famosa estrategia de hacerse la víctima, para generar sentimientos de comprensión compasiva en sus pares femeninos. Pero lo difícil de discutir con un hombre es su incapacidad para leer entre líneas. Las mujeres son emotivas al hablar, y con frecuencia, utilizan la exageración para dar énfasis. El peligro de esta modalidad reside en la incapacidad del hombre para interpretar un discurso tan cargado. Ellos se quedan con el sentido literal de las palabras. Así es que empezamos discutiendo por un tema, y terminamos en cuestiones que nada tenían que ver con el factor del conflicto. Al final, la discusión se pierde entre planteos y explicaciones vanales acerca de la terminología utilizada. El discurso de las mujeres es desconcertante para cualquier hombre, que espera una estructura clara y un objetivo final en su exposición. Ellas utilizan indirectas y sobreentendidos, que ocultan el verdadero y último propósito del planteo , para así evitar la confrontación. El discurso indirecto puede tener consecuencias desastrosas para una mujer, ya que muchas veces sucede que los hombres ni se percatan de qué estamos hablando. Al mismo tiempo, las mujeres sufrimos el discurso absolutista masculino, siempre acompañado de adverbios tajantes, como Nunca, jamás, que en nada contemplan la particular sensibilidad femenina. No podemos pretender que nos lean la mente, interpreten los implícitos, se hagan eco de las indirectas, ni comprendan nuestras emociones, cuando nosotras mismas muchas veces no nos entendemos. Para mantener una discusión sana y constructiva con un hombre, más vale definir claramente el tema, y evitar que la disputa fluctúe por caminos insospechados que generalmente terminan en conflicto. En definitiva, desde que el mundo es mundo, la discusión no ha sido la mejor forma de comunicarse entre los géneros, pero por suerte, siempre esta allí esa estructura mental masculina, que ante un simple guiño sensual, automáticamente se olvida de todo, como si nada hubiera pasado. |
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Constanza Manrique para P&S |
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