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Como ayudar a los hombres a expresar sus sentimientos
Las mujeres expresan sus emociones con más facilidad que los hombres. Pero hay formas de interpretar el lenguaje silencioso de ellos y ayudarlos a demostrarlas.
Nadie puede decir lo contrario: las mujeres lloramos y expresamos más nuestras emociones que los hombres. A ellos se los educó y condicionó para ser más fuertes, defender el hogar, proteger a la familia, ser profesionales exitosos, deportistas brillantes y no demostrar jamás una pizca de debilidad, dolor o sufrimiento. A un varón, desde chico, la sociedad le sopló al oído que debía ser Superman. Y, con semejante mandato sobre sus hombros, teme que al mostrar sus sentimientos se lo tilde de flojo, cobarde o débil. Pero además de factores sociales, existen otros, todavía más determinantes, que hacen que a los hombres les cueste tanto verbalizar sus emociones y sentimientos. Las mujeres, en cambio, usamos cuanto medio está a nuestro alcance para comunicar al otro lo que nos pasa. Si no podemos decirlo de frente, nos las ingeniamos para que él se entere, ya sea con el llanto, el enojo, la indiferencia, alguna indirecta-directa, en fin, lo que sea, con tal de no quedarnos con el "entripado adentro".
Los hombres, en cambio, emplean un sistema telegráfico más sencillo y focalizado más en los hechos que en las palabras. Como ellos tienen su mente orientada hacia la actividad y el trabajo, el código se manifiesta mediante la acción. Por ejemplo: "Es obvio que te quiero -diría él- te lo demuestro cada día trabajando y haciendo un sacrificio enorme para que después podamos disfrutar juntos de la casa que nos compramos y las vacaciones que estamos planeando realizar". Para ellos las palabras están de más. Por lo tanto, el primer paso para saber si él pretende comunicarte algo es observar atentamente su comportamiento.
Si está angustiado o tiene algún problema, emitirá alguna señal para pedir ayuda. El SOS puede ser inaudible y difícil de entender, pero está ahí. Si la mujer responde, será como el buque de rescate que aparece en el horizonte.
Si él decide subir a bordo del buque y contarle sus desventuras, la mujer tendrá que garantizarle que mantendrá en estricto silencio todo lo que él diga.
Esto es muy importante. Los hombres sienten miedo de bajar el puente levadizo y de abrir las puertas. Por eso, si un hombre se atreve a confesarse es porque confía y da por sentado que nadie más que su mujer recibirá esa información. Si se lo defrauda, nunca más volverá a abrir la boca.
Para descubrir qué es lo que a él le está molestando hay que tratar de interpretar su lenguaje corporal. Leer en particular sus ojos, que revelerán si está deprimido o confundido. Los cambios drásticos en los patrones de comportamiento -si le encanta leer y hace semanas que no toca un libro o si ama encontrarse con sus amigos y hace más de un mes que no tiene noticias de ellos, por ejemplo- pueden ser señales de una agitación interior. Y sobre todo, si se dispone hablar, escucharlo en silencio, sin emitir juicio, opinando sólo si él lo pide. Nada fácil, pero sí posible.

Laura Natale para P&S

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