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Una historia de amor y paciencia
La convivencia es una de las asignaturas más importantes y difíciles en la vida de un matrimonio. Desde aquí, algunas pistas para disfrutar y sobrellevar la gran aventura.

Si hay algo que no se discute en cuanto al matrimonio es que la luna de miel es, en la vida de una pareja, lo más parecido al paraíso. No importa cuál sea el lugar elegido, siempre es bello. Y el mundo parece pensado y construido únicamente para la pareja en cuestión. Pero más de una vez se ha dicho que el matrimonio no es una eterna luna de miel... y es cierto. Porque al volver de su idilio los enamorados tendrán que enfrentar uno de los desafíos claves de la existencia humana, esa verdadera "gran aventura" llamada convivencia. Comienza la vorágine y los días como flechas. Enrique Rojas escribe en su libro El amor inteligente que la convivencia es la situación por la que dos personas que se quieren lo comparten todo.

La vida diaria sigue siendo la gran cuestión: todas las teorías, ideas preconcebidas, argumentos y estilos psicológicos confluyen en una misma realidad que consiste en vivir bajo el mismo techo.
Nuestro amor es uno de los tantos films que recientemente ha indagado en este tema. Con las actuaciones de Michel Pfeiffer y Bruce Willis la película cuenta la vida de un matrimonio agotado por las peleas, con momentos de una realidad que eriza la piel. Ella y sus hijos, sus tareas hogareñas, su cansancio y sus ganas de algo que quizás no sabe bien qué es. El, por su parte, vive con sus ambiciones y su necesidad ferviente de que todo esté hecho a su medida. Son ellos dos, incluidas peleas, reconciliaciones, idas y venidas en la relación. Su historia. También la literatura y la televisión se han dedicado a mostrar los pros y contras de compartir la vida entera.
Sobre la convivencia se han dicho y escrito enormidad de cosas, en muchas ocasiones negativas. Sin lugar a dudas se trata de una prueba complicada pero allí, también, radica su encanto. Convivir es ante todo compartir. Y es por eso, justamente, que habrá que darse por entero para transformar a la convivencia en una experiencia maravillosa. Aquí queremos dar algunas pistas para ese principio de convivencia, quizás a la vuelta de la luna de miel. No se trata de dar lecciones de dicha conyugal sino, simplemente, de tocar cinco notas que quieren arrojar un poco de luz sobre los nuevos nidos que nacen día a día.

Porque te quiero... ¿te aporreo?
El trato es la piedra angular de cualquier relación, y más aún de una relación de pareja. El verdadero amor implica tratar a la otra persona de una forma casi excepcional, tratando de permanecer fino, atento, generoso y siempre dispuesto a lo mejor. Este hecho -que así relatado parece una exageración- es el secreto del éxito de muchos matrimonios felices. El trato cotidiano no puede minimizarse y, además, ahí va una buena noticia: el cuidado mutuo tiende a multiplicarse como en un círculo virtuoso, llevando a más y mejores atenciones cada vez. Y no valen los reproches: se trata sencillamente de ser amable y esperar los resultados.
Si nos ponemos a reflexionar sobre el tema veremos innumerables detalles por los que es posible comenzar.

El arte de combinar dos universos
Nadie puede amar verdaderamente si no comprende al otro. Y comprender también es aceptar -defectos incluidos- sin querer cambiar según los propios gustos y conveniencias. Rojas -nuevamente- explica que la convivencia se torna un verdadero enjambre de estados de ánimo: sentirse absorbido, estar encantado, dudar, tener celos, desear físicamente, percibir las dificultades de entendimiento, decepcionarse, volverse a entusiasmar. Ocurre que las fronteras entre unos y otros son movedizas. Cada persona es un inabarcable mundo con todos sus matices, y nada podría impedir terribles choques si no fuera porque existe la comprensión, esa exquisita posibilidad de decir, a veces "no te entiendo pero te comprendo, hago un esfuerzo, y estoy con vos... aquí me quedo".

Sensatez y sentimientos
La conviviencia no existe si no hay respeto. Y el respeto implica considerar, mantener todos los posibles miramientos y a veces, también, acatar. Respeto es aceptar a la persona, sus decisiones y sus deseos hasta el límite. Es el buen trato y aún la discreción, cuando ésta es necesaria. Es callar cuando la situación lo requiere y dar el punto de vista con cariño y cuidado, sin herir. Las palabras que lastiman y los gritos son un certero atentado contra el respeto, a la vez que jamás conducen a ningún lado.

Conversar para vivir
El diálogo es el alimento vital de la convivencia que sin comunicación se marchita y muere. Hablar para demostrar el amor, para contar acerca de uno mismo, para proyectar, para divertirse juntos, para discutir distintos pareceres y para pedir. Comunicar con la palabra y con los gestos, con hechos, con presencias.
çCómo se sorprendió la mujer de aquel psiquiatra en la película Don Juan de Marco cuando su marido le preguntó, casi de la nada, "¿Cuáles son los sueños que te quedaron por cumplir?". Ella, casi sin creerlo le contestó: "Creí que nunca me lo preguntarías". Habían conversado durante muchísimos años, pero nunca con la profundidad necesaria. El diálogo es el camino que lleva al mutuo descubrimiento. Y después de mucho dialogar... hasta se puede descubrir que ciertas veces no hacen falta las palabras.

Como el aire que respiramos
La esencia del matrimonio es el estar juntos para siempre. Pero es mejor que crezcan espacios entre la cercanía, sin hacer del amor una atadura. Será beneficioso para ambos seguir manteniendo las actividades personales -ya se trate de salidas con amigos, trabajos, estudio u otras actividades- dejando espacios, "aire" entre la pareja. Es grandioso compartir experiencias, pero también es necesario mantener ámbitos propios. Simplemente, para poder volver a encontrarse.

Verónica Ocvirk para P&S

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